Cuando tu vida da un giro de 360º en unos meses y te sumerge primero en el abismo y luego en la desorientacion para reorganizar todo esto recurres a tus recuerdos y te afferas a ellos. Son el enlace con tu otra vida, la que compartías. Tirando de esas rememoraciones y la inminente llegada de los Reyes, mi retina se estanca en la época más dulce de la infancia. Cuando una parte de esa inocencia, que refleja la etapa de l@s niñ@s de entre 6 y 10 años, desaparece al descubrir quienes son los Reyes Magos y que empieza el momento, para ell@s, de encargarse de la compra de los regalos.
Mantengo en mi mente esa época con sumo cariño, ternura y dulzura. Mis hijos estaban super emocionados y nerviosos. Cogián el dinero y sin pensarselo dos veces iban los dos mano a mano a casa Dori. Cuántas veces me relató Carmen las conversaciones y la complicidad que había entre los dos mientras escogían. Regresaban contentísimos, emocionados e ilusionados. Carlos nada más llegar me decia «si supieras lo que te hemos comprado!» «Mama, te lo digo?» «Carlos, no!!» le decía Felipe , «Mañana, hasta mañana nada, no empieces!». Felipe controlaba a su hermano que se acercaba a su padre, abuelo y abuela haciendoles la misma sugerencia. En realidad no podían ir mucho antes a adquirir los obsequios porque Carlos sería incapaz de mantener el secreto o la tentación de abrirlos. Sigue igual hoy en día.

Rememorar esos momentos me hacen sonreir y querer aún más a mis hijos.

Qué realidad tan amarga la que vivimos: que momentos así much@s niñ@s no puedan vivirlos porque las políticas actuales se lo impiden. Esperamos que puedan recuperar ese parentesís demasiado largo.

Deseo con todas mis fuerzas que los Reyes nos traigan a tod@s ilusíon, magía y felicidad.6005288-nino-dando-un-regalo-a-su-padre-de-navidad